miércoles, 22 de abril de 2015

El mar.

A veces después del trabajo me doy un paseíto con mi hijo pequeño hasta la playa por la tarde y nos quedamos mirando los dos desde la arena el panorama: delante de nosotros el mar, separado por la línea del horizonte del cielo y reflejándolo simétricamente como un espejo. El cielo se puede ver como una continuación del mar, pero también al revés.

La vida nació en el mar, se arrastró hasta la tierra y evolucionó. Las personas nos hemos adentrado mucho tiempo después de vuelta en ese mar en barcos hasta llegar al horizonte, y entonces lo hemos saltado para subirnos a la franja del cielo y las nubes en aviones, y más allá, los planetas, los soles y las galaxias en naves espaciales. No podemos ver el sentido final de todas las cosas, pero almenos se puede percibir una cierta dirección ascendente.

Me contaron mis padres que la primera vez que caminé me puse de pie en una de estas playas de Castelldefels donde vivo ahora: en lugar de dirigirme hacia ellos me giré y fui en sentido contrario hacia el mar. Se ve que es algo que llevamos dentro instintivamente.

La mer

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