domingo, 7 de mayo de 2017

La naturaleza de la mentira.

El engaño es perfectamente natural. Se miente para sacar una ventaja que puede resultar vital en una determinada situación. En la selva ningún animal quiere que se note su presencia cuando caza, ni por supuesto para ser cazado, y se engaña tanto para lo uno como para lo otro: la mariposa que extiende sus alas por ejemplo en las narices del bicho que le viene por detrás para atraparla, le muestra dos ojos grandes dibujados en las alas que despliega para asustarlo; el pelaje del tigre agazapado e inmóvil con los ojos clavados en la presa, es una continuación de las luces y las sombras del bosque en el que se oculta.

Con las personas pasa básicamente lo mismo, sólo que nos mentimos los unos a los otros. A estas alturas de la evolución, en que ninguna otra especie supone ya una amenaza, parece que la supervivencia pase por el dominio del propio ser humano con engaños.

Cuando en los juicios de las pelis te hacen poner la mano en la Biblia y jurar decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, es porque normalmente no se hace. En realidad lo que te están pidiendo es que no mientas, que es lo más parecido a decir la verdad.

Verdad y mentira son las dos caras de una misma moneda. La mentira existe porque existe una verdad, que independientemente se nos va mostrando por sí misma paulatinamente pero nunca del todo.

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