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viernes, 28 de agosto de 2015

Los inviernos de Nietzsche en Niza.

A los 36 años Nietzsche se jubila prematuramente de sus clases de Basilea por razones de salud. Padecía espantosos dolores de cabeza, perdió en una ocasión el conocimiento durante 3 días en uno de sus ataques, no podía dormir, le dolían las muelas y vomitaba, y en algún momento cree que está a punto de morir e incluso lo llega a desear. Da la impresión de que profundiza cada vez más en su pensamiento buscando una razón para vivir.

Acababa de publicar Humano, demasiado humano y le siguió un espléndido El caminante y su sombra: Nietzsche ya es Nietzsche y su pensamiento ha encontrado su estilo: las constantes interrupciones por su enfermedad le llevan al aforismo, el pensamiento fragmentado, que van de unas pocas líneas a una página o algo más. Su “maldito estilo telegráfico”, como él mismo lo llama alguna vez, resulta precisamente el medio de expresión que le será propicio y natural y en el que mejor se explica: para qué escribir un libro si se puede decir en una página, dice.

Empieza entonces su década prodigiosa que terminará con su colapso en Turín y caída en la locura. Piensa que en el extranjero puede descubrir mejor sus lados desconocidos: en esa búsqueda viaja por Suiza, el sur de Francia y el norte de Italia, viviendo en hoteles modestos completamente solo y orientado hacia sus obras. Enseguida vino Aurora, y un poco después La Gaya Ciencia. Son los libros que llamó del “Sí”. Después del Zaratustra vendrían los que llamó del “No”.

A partir de 1883 pasa varios inviernos en Niza. Su salud es mala y hay días en que roza la ceguera. Da sin embargo animado por un cierto optimismo creativo constantes paseos por los alrededores de hasta 8 horas. Reivindica el pensamiento caminando, en lugar del pensamiento sentado. Se siente a a gusto con la ciudad y sus colores, el clima y la calidad del aire, la cantidad de días soleados que tiene aquel invierno, el paisaje montañoso y la cercanía del mar, y observa que le resulta muy barato en comparación a Alemania: es estupendo no sentirse alemán, llega a decir.

Viví una temporada en Niza, y por supuesto visité una de las residencias en que se alojó. Era una especie de hotel barato donde todavía se podían alquilar habitaciones modestas. Hice ver que buscaba una de esas habitaciones y pedí ver una tras otra. Me dejaron solo un rato al final en una y me quedé imaginando a Nietzsche allí con su montón de libros y sus papeles garabateados. El techo era alto y la ventana grande, que cubría una persiana de madera muy anticuada. Una cama muy sencilla y en general ambiente austero. No sé si realmente se alojó o no en aquella pieza ni cómo era de distinta a lo que él vio en su momento, pero yo me sentí a gusto allí. Aunque Nietzsche me llegue a través de lo que dijo, creo que en el fondo lo que me une tanto a él como a los autores que más me estimo es un vínculo humano más allá de lo que dijeron: me gusta su compañía. No sé si me explico.

Concluiremos este articulo divulgativo con dos aforismos espléndidos que proceden de Humano, demasiado humano, y que servirán como muestra de su perspicacia en el conocimiento de las personas. El primero es fácilmente observable en nuestra relación con los demás:

“...en el diálogo de la sociedad, las tres cuartas partes de todas las preguntas se hacen, y todas las respuestas se dan, para hacer un poco de daño al interlocutor: por eso la gente tiene tanto afán de sociedad: les da la sensación de su fuerza. En tales innumerables, pero muy pequeñas dosis, en que se pone en vigencia la maldad, resulta un poderoso medio excitante de la vida... Pero ¿habrá muchos sinceros que confiesen que da placer hacer daño? ¿que no raras veces uno conversa -y conversa bien- para causar molestias a los demás, al menos en el pensamiento, y para dispararles la perdigonada de la pequeña perversidad? La mayor parte son demasiado insinceros, y unos cuantos son demasiado buenos como para saber algo de ese pudendum: ésos querrían negar que tenga razón Próspero Mérimée cuando dice: sabed que no hay nada más común que hacer mal por el placer de hacerlo.”

El segundo le tiene que hacer sonreír a cualquiera que lo haya sentido alguna vez:

“Peligro en la voz. A veces, en la conversación, el sonido de nuestra propia voz nos deja perplejos y nos lleva a afirmaciones que no corresponden en absoluto a nuestra opinión.”

jueves, 27 de agosto de 2015

Will vuelve a Stratford. Acto 5: Los huesos de Shakespeare.

La primera vez que fui a Stratford hace ya más de 20 años me paseé por la ciudad y terminé finalmente frente a la tumba de Shakespeare, leyendo la inscripción siguiente en inglés antiguo:

Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar en el polvo aquí enterrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras,
y maldito el que remueva mis huesos.

Lo más probable es que no lo escribiese él y que fuese cosa de su familia después de su muerte en 1616. Parece sin embargo que nadie se ha atrevido a tocar desde entonces esa tumba a causa de la advertencia, y lo más seguro es que sus huesos sigan ahí. Incluso en recientes restauraciones de la iglesia se ha hecho de manera que no se tocara nada de ese sepulcro. El epitafio parece guardar un secreto oculto que no debemos profanar. Siempre se ha rodeado a Shakespeare de un cierto misterio, que sin duda procede de la discreción y la reserva que el propio autor cultivó toda su vida, pese a la fama que alcanzó en Londres como actor y dramaturgo: a veces parece que hubiese querido no dejar ningún rastro tras de sí y mantenerse al margen de todo eso. Incluso se ha llegado a especular de manera fantasiosa sobre otros posibles autores para sus obras. Incluso allí, de pie frente a su tumba, llegué a pensar si realmente estaría enterrado él y no otra persona.

Luego me fijé en la lápida de Anne, de nuevo apartada y separada de él a un lado, y salí a dar una vuelta por los alrededores. El pueblo conserva todavía esa cosa anticuada y tan inglesa que resulta en nuestros días tan irreal como una postal turística, y lo atravesé hasta ver los campos y bosques alrededor. Creo que hay cosas que están literalmente en el aire, y a mí me gusta sentarme bajo un árbol y mirarlo todo de esa manera. Las palabras son una coincidencia sorprendente de letras, formas y sonidos, rozan las cosas y nuestras sensaciones, llegan de uno a otro a través del espacio y el tiempo y parecen a veces contener la misma vida, siempre que haya alguien que las pueda leer. Y de alguna manera Shakespeare dejó parte de su alma en ellas pero sin dar tampoco demasiadas pistas sobre su persona.

No he tocado en ningún momento sus huesos con los dedos de mi fantasía en estos cuentos, y ahí los dejaremos en su soledad bajo 6 pies de tierra. Llega un día en que tenemos que dejar lo que tengamos, y volver al lugar del que partimos. Y mirando esa lápida con su inscripción queda claro que Will se vino a Stratford para quedarse definitivamente.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Will vuelve a Stratford. Acto 4: Anne.

Will se distrae mirando las cosas que hacía tiempo que no veía por el sendero que le lleva a su casa de New Place. Avisó en su momento a Anne desde Londres de que llegaría ese día por la tarde a una cierta hora. Sabe que todavía es pronto, así que se toma su tiempo para no llegar antes de lo previsto.

Anne se había pasado el día arreglando la casa. Tenía la manía por la limpieza y el orden, y mientras estaba en ello se acordó de cuando Will la observaba al principio en esas tareas de la casa, o cuando se apartaba a veces sin decir nada al verla venir para que no le alcanzara también a él su limpieza. Me hacía reír, recuerda ella. Discutió con Judith, que andaba últimamente malhumorada desde que supo de la vuelta de su padre, y la mandó hacer unos recados para cuando él llegara por la tarde. Despidió a los criados lo que quedaba del día, e hizo avisar a Susanna para que los visitara al día siguiente. Anne estaba sola en la casa y se toca la alianza en su anular, y empieza a sentir el nerviosismo. Desde que pasara todo lo que pasó y la consecuente marcha de Will, había convertido su hogar en el centro de gravedad de su vida. Se sorprendió cuando Will le escribió para decir que venía a quedarse una temporada larga, pero sin mencionar las razones. Y mientras mira por la ventana con tantos sentimientos encontrados susurra para sí misma: sí.

Anne no había visto ninguna representación de las obras de Will y no sabía leer. Para ella fue siempre aquel muchacho de Stratford que miraba las cosas de otra manera, y que se enamoró de ella a los 18 años. El profesor Lovejoy quiso leerle algunos sonetos en sus visitas, pero a ella le faltaba paciencia para escucharlos. Lovejoy la veía cada vez más hermosa y reservada, apenas aparecía por el pueblo y daba la sensación de que mantenía respecto del mundo una distancia insalvable. Una sensación semejante le causó el mismo Will muchas veces antes de partir al galope hacia Londres aquella noche para salvar su vida.

Tampoco Judith tuvo nunca la menor idea del trabajo de su padre. Supo que escribía y que había adquirido fama en Londres según le habían contado, pero por ejemplo no sabía quién era Viola en la historia de Noche de Reyes, o Hamlet en su propia tragedia. Nunca demostró interés por sus obras. Will se había convertido en un desconocido en su propia casa. Y de pronto aparecía como procedente de otro mundo para quedarse.

Will avista la casa y distingue a Anne en la ventana, y entonces las miradas coinciden. Sigue hasta llegar y la puerta se le abre antes de que pueda llamar. Entra, se quita el sombrero, hace un saludo con la cabeza mientras le sonríe, y sin mediar palabra ella le lleva a la cocina, en dónde él siempre se sentaba para escribir sus cosas durante sus últimas visitas. Se sientan con la mesa en el medio y se miran sin cruzar palabra. Will desvía entonces la mirada y echa un vistazo a las cosas alrededor. Vuelve a mirarla y le dice:

- Dormiré en la segunda cama.

- Como quieras. Tienes la habitación preparada con todas tus cosas que trajeron esta mañana.

- Tienes buen aspecto, Anne.

A Anne siempre le gustaron las palabras de Will.

- Tú también, Will.

- Ha pasado mucho tiempo.

- Sí.

martes, 25 de agosto de 2015

Will vuelve a Stratford. Acto 3: Unas tumbas en el cementerio.

El carruaje ha dejado a Will en el cementerio de Stratford a media mañana. Le ha dado instrucciones al cochero para que deje sus cosas en la casa, lo ve partir y entonces se dirige al campo santo, directamente hacia la tumba de su hijo Hamnet. Se queda mirando su lápida un buen rato.

“Si pierdes a un padre o una esposa eres un huérfano o un viudo. Pero no hay una palabra para designar al padre o la madre que pierden un hijo: es como si la misma vida prohibiese así poder hablar de ello. 11 años no son muchos, pero no hace falta cumplir más para saber lo que es la vida... Los sueños del hombre son ingenuos, lo mismo que sus remordimientos, y aunque no nos demos cuenta vivimos en una perpetua inocencia... Espero que estés bien, y que sigas disfrutando viendo crecer la hierba sobre tu tumba, de la compañía que da el sonido de la lluvia cuando cae, que te refresque la niebla de la mañana y disfrutes del sol de mediodía, y unas palabras de vez en cuando. Tienes la tumba arreglada y las flores están todavía frescas, supongo que ha sido tu madre. Volveré pronto”

Mientras se dirige hacia la lápida de su padre se va fijando en los nombres y fechas que le van saliendo a su paso. Se queda mirando desde la distancia a unos que trabajan vaciando una tumba al otro lado. Will se dio cuenta de que había visto esa misma escena varias veces: distintas personas que a lo largo de los años mantienen las mismas conversaciones, pensó. Los actores cambian y hacen sonar de manera distinta los mismos diálogos: todo tan distinto y sin embargo tan parecido.

La halla junto a la de su madre igual de bien cuidadas que la de Hamnet, y mientras la mira silencioso se dirige unas palabras hacia sí mismo en lugar de hacia su padre:

"Somos la continuación de toda una larga serie de acciones de gentes que nos precedieron. Y los que nos sucedan tomarán el relevo y continuarán con sus propias acciones esa trama más amplia y general en la que participamos todos. Todas esas vidas de antes y de después, son en cierto sentido otras vidas nuestras pasadas y futuras. En lo que a mí respecta, parece que he sobrevivido a mi hijo y a mi padre, quedándome una vez más al margen de las cosas en esta vida… Lo primero que deja un padre a sus hijos como herencia principal es su nombre junto a sus propios pecados. Luego cargamos con ese legado como si de alguna manera fuésemos una extensión de ellos mismos y parte de sus esperanzas. Qué injusto e hipócrita puede ser el reproche de un padre hacia su hijo, mejor haría en mirarse al espejo para buscar responsabilidades… Si algo determinó su vida fueron desde luego las deudas, del tipo que fuesen: pues la deuda es la esencia de la sociedad, y lo que la une y le confiere el orden de una gran cadena."

De camino a casa se desvía para hacer una visita a su viejo profesor. Llega a su casa y se va directamente a la parte de atrás que da a la cocina, y mira por los vidrios de la puerta. La señora Lovejoy está preparando algo en el horno. Golpea con los nudillos.

- ¿Will?

Will le sonríe y le hace entender con gestos que desea entrar por la cocina.

- Qué alegría, Will, entra. Ayer precisamente estuvimos hablando de ti. Charles está en su estudio, tiene otro nuevo libro y no sale de allí hace días. Estoy preparando una tarta de ruibarbo, por favor sube a verlo y luego almorzaremos juntos. Se te ve estupendo, Will, tan elegante, tan bien vestido.

Will se sentía en presencia de aquella buena mujer todavía parte del muchacho que en el pasado visitaba la granja y el mundo de letras y sabiduría que guardaba aquel hogar.

- Subo a su estudio, señora Lovejoy, dejadme que le dé una sorpresa. Luego almorzaremos juntos.

Sube y se queda junto a la puerta abierta. Will carraspea para llamar la atención y golpea con los nudillos.

-¿De qué libro se trata?

Charles Lovejoy se gira y se queda mirando desde la silla sin decir nada, y entonces sonríe.

- Mi querido Will.

Almorzaron en la mesa de la cocina, como solían hacer tanto tiempo atrás. Will satisfizo la curiosidad de Lovejoy y su mujer, habló de su carrera, de Londres, del Globe, de su trato con la reina y luego el rey, y contó unas cuantas anécdotas.

Lovejoy le pregunta directamente:

- ¿Has visto ya a Anne?

- Ahora voy a casa.

La señora Lovejoy le dice que Anne los había estado visitado con frecuencia el último año, y que los había ayudado con el dinero que él hacía llegar desde Londres desde que Charles perdió el trabajo de profesor en la escuela:

- No lo sabía, no me ha escrito nunca. Quiero ir a casa ahora. He vuelto para quedarme. Os vendré a visitar, tengo algunas ideas que me gustaría desarrollar con vos.

Se levanta y se despide, y el matrimonio en la puerta de la cocina mira cómo se aleja por el bosque en dirección a su granja.

- Las cosas que hemos visto, ¿verdad Charles?

- Sí, Margareth. Las cosas que hemos visto.

Will vuelve a Stratford. Acto 2: Una noche en la posada.

A medio camino de Stratford le pidió al cochero que se detuviese para pasar lo que quedaba de la tarde y noche en aquella misma posada cerca de Oxford en donde durmió la noche anterior de su llegada a Londres. No se encontraba muy bien últimamente, y la juerga con Sir John, Ben Jonson y todos los amigotes del Globe y su círculo como fiesta de despedida le había dejado también para todo el día cansado, con resaca y sueño. Además quería llegar por la mañana a Stratford y empezar allí el día. De manera que después de pasear un rato por los alrededores a solas cenó un poco, y se fue a la habitación en donde se sentó en una silla, encendió su pipa y se acompañó de vino mirando por la ventana.

La noche de la despedida la taberna estaba llena de humo y de ruido, de conversaciones y risas, de música y de bailes y se terminó al amanecer. En medio del follón Sir John se sentó junto a Will y le preguntó:

- Y bien, Will, qué os dijo el rey.

- Me preguntó por vos, sabe que estáis en Londres. Le aseguré que os iréis por la mañana y no dijo nada más.

- En fin, en este mundo de apariencias todos representamos algún papel: él de rey, yo de viejo desterrado… Y vos, Will, ¿qué papel representáis?

Will miró a Sir John, le sonrió, y contestó:

- Estáis muy filosófico. Supongo que perdí mi papel en algún momento, y me he pasado la vida buscando las palabras.

Ben Jonson se les acercó con su jarra riéndose y se unió a la conversación.

- Sería incapaz de escribir para ese tipo una historia de fantasmas y brujas. Por qué le gustarán tanto...  ¿Será católico? Podríamos escribir un musical que se titulara “El rey fantasma”. Un reino se ha quedado vacío, el rey se pasea por los pasillos y las salas del palacio, todo vacío, y sale a un balcón también vacío, y mira el cielo de noche y las estrellas que titilan. Y entonces se da cuenta de que es un fantasma y se pone a cantar. Will, escribidme la letra, vos tenéis experiencia con los fantasmas.

Sir John:

- Esta obra la tendríais que representar en un teatro vacío. No creo que Will quiera participar sin una bolsa de chelines a cambio.

Will:

- En este mundo el dinero lo es todo.

Drayton se acercó al grupito de la mano de una muchacha, y se subió torpemente a la mesa para levantar teatralmente la copa:

- Se nos va el pueblerino de Will, de manera tan inoportuna como cuando llegó. Qué importa lo que pase en este mundo si luego no lo cuenta nadie: Londres se ha mirado a sí misma como en un espejo en cada una de sus piezas, y así la vida deforme y absurda de esta gran ciudad cobraba sentido al menos durante el breve intervalo que duraba cada representación en el El Globe. Sus personajes imaginarios nos parecen más reales y llenos de vida que cualquiera de los que estamos aquí: he ahí un motivo para meditar... Quizás no fuese más que una ilusión, pero qué aterrador me parece un mundo vacío de imaginación ¡Ah, el vacío! El que queda cuando baja la marea de la vida, el que sigue a los que se van para no volver, el de una mujer cuando se desvanece el encantamiento del amor y el de un mundo sin palabras… Y el de mi desconsolada copa en este momento, es el que más me preocupa ahora mismo.

Improvisaron una pieza breve en la que cada cual hacía del otro, y Sir John de rey salomónico que con una cacerola como corona dirimía acerca de los problemas que cada cual se inventaba y exponía en su presencia sentado en su trono, hasta llegar al desmadre y el más puro absurdo. Will se puso una sábana sobre sí e hizo de fantasma de la bisabuela del rey que le regañaba desde el más allá.

Will mira ahora por la ventana abierta de su habitación sorbiendo de su copa de vino y fumando su pipa. El aire fresco que le llega de afuera le resulta agradable. Todas aquellas palabras que había escrito morían en cada representación, y todo aquel mundo de imaginación tan lleno de detalles se desvanecía a su vez con las palabras, que nunca fueron más que eso, palabras. De pronto fue perdiendo la alegría de escribir, y un día en que no le venía a la mente la palabra que andaba buscando, cosa que le sucedía con frecuencia últimamente, de pronto la pluma saltó de su mano: parecía un presagio, y se preguntó si su tiempo no habría pasado ya. Quizás su teatro estaba llegando a su fin, y se dio cuenta de que incluso le daba un poco lo mismo lo que fuese de sus obras una vez dejara de escribir. Había llegado a la cima y era desde luego el mejor momento. Siempre había tenido presente que algún día iba a tener que retirarse a Stratford, lo había ido preparando y por fin había llegado el día.

Will vuelve a Stratford. Acto I: El viaje de vuelta.

Will mira distraídamente por la ventanilla del carruaje de vuelta a Stratford, y mecido por el vaivén y el movimiento del carromato empieza a notar diversas sensaciones demasiado desordenadas como para encontrar las palabras justas todavía, así que enciende su pipa y se deja llevar mirando sin más el paisaje que se sucede afuera como si fuese la propia vida. Se fija en un joven que a caballo se dirige en dirección contraria hacia Londres, y que le saluda cortésmente al cruzarse. Will le devuelve el saludo: hace veintitantos años también él se dirigió a la gran ciudad sin tener ni idea de lo que sería de su vida, y ahora se encuentra en el mismo camino pero de vuelta. Empieza a lloviznar y se recuesta en su asiento, recordando su último entrevista con el rey.

El rey James lo mandó llamar en cuanto se enteró de la noticia, e interrumpió su reunión con una embajada española que estaba de visita:

- Me tendréis que perdonar un momento, embajador, ha surgido un asunto urgente que me tomará unos minutos.

Llevaron a Will a una sala aparte y enseguida apareció el rey, que entró y cerró la puerta.

- Me he tenido que enterar por los criados de la juerga que os corristeis anoche con esa panda de borrachos de la que os rodeáis. Qué es eso de que os vais de Londres.

- Lo siento majestad, parto mañana.

- Cuándo volveréis.

- No lo sé.

El rey miró a Will y se dio cuenta de una determinación que iba a tener que respetar. Perdió la mirada en el vacío un instante para volver a fijarse en aquel tipo de mirada inteligente que siempre parecía ocultar su pensamiento. Se sentó como para acomodarse en su resignación, y entonces le preguntó:

- Por qué. Si tenéis algún problema decídmelo.

- Majestad, no hay ningún secreto. He terminado aquí y me vuelvo a Stratford.

- Comprendo. Quedaos al menos a comer conmigo, y de paso me ayudáis con esa embajada.

- Sí, majestad.

El rey se quedó absorto un momento y le dijo para finalizar:

- Supongo que todos tendremos que volver algún día a alguna parte, y dejar todo lo que tenemos…No sé. Acompañadme con esa gente, os lo ruego.

sábado, 22 de agosto de 2015

La verdadera historia de Jimmy Walker y Willie McCoy en las calles de Filadelfia.

La historia no sucedió realmente en la calle 42 de Nueva York tal como dice la canción, sino en las calles entre los barrios sur y oeste de Filadelfia. Jim Croce frecuentaba por cuestiones de trabajo los bares y billares de aquel vecindario deteriorado y venido a menos a finales de los 60, y conoció casualmente en aquel ambiente a Jim Walker. Enlazó su historia con otras que había oído por ahí, y dio vida a la canción con el ritmo y la prisa de la calle, y con apenas un par de acordes.

Slim se presenta en el barrio desafiando al jefe de todo eso para disputarle el territorio: se lo arrebata con la misma sangre fría con la que dirige su navaja contra Jim, ensañándose con él para dar ejemplo desde un principio. La historia la hemos visto y oído repetidamente, y la seguiremos viendo y escuchando porque así es la vida: cada generación entierra a la anterior.


Uptown got its hustlers (Por encima de Manhattan tienen a sus timadores)
The Bowery got its bums (El barrio de Bowery tiene sus parias )
42nd Street got Big Jim Walker (La calle 42 tiene al grandote Jim Walker)
He's a pool-shootin' son of a gun (Le gusta jugar al billar a este hijo de la gran puta)
Yeah, he big and dumb as a man can come (Sí, tan grande y burro como puede llegar a ser un hombre)
But he stronger than a country hoss (Pero más fuerte que un caballo de campo)
And when the bad folks all get together at night (Y cuando los chicos malos se juntaban por la noche)
You know they all call big Jim "Boss", just because (Sabes, le llamaban al grandote Jim “Jefe”, simplemente)
And they say (Y decían…)

You don't tug on Superman's cape (No le tiras de la capa a Supermán)
You don't spit into the wind (No escupes contra el viento)
You don't pull the mask off that old Lone Ranger (No le quitas la máscara al Llanero Solitario)
And you don't mess around with Jim (Y mejor no te metas con Jim)

Well outta south Alabama come a country boy (Bueno, pues del Sur de Alabama vino un chico de campo)
He say I'm lookin' for a man named Jim (Y dijo “Estoy buscando a un hombre llamado Jim)
I am a pool-shootin' boy (Soy un chico que juega al billar)
By name 'a Willie McCoy (Con el nombre de Willie McCoy)
But down home they call me Slim (Pero allá en casa me llaman Flaco)
Yeah I'm lookin' for the king of 42nd Street (Sí, estoy buscando al rey de la calle 42)
He drivin' a drop top Cadillac (Conduce un pedazo de Cadillac)
Last week he took all my money (La semana pasada me quitó todo el dinero)
And it may sound funny (Y tal vez pueda sonar como una broma)
But I come to get my money back (Pero he venido a recuperar mi dinero”)
And everybody say Jack don't you know (Y todo el mundo decía, tío, no sabes que…)

You don't tug on Superman's cape (No le tiras de la capa a Supermán)
You don't spit into the wind (No escupes contra el viento)
You don't pull the mask off that old Lone Ranger (No le quitas la máscara al Llanero Solitario)
And you don't mess around with Jim (Y mejor no te metas con Jim)

Well a hush fell over the pool room (Pues bien, el silencio invadió la sala de billar)
Jimmy come boppin' in off the street (Jimmy se vino adentro desde la calle)
And when the cuttin' was done (Y cuando terminaron de rajarlo)
The only part that wasn't bloody (La única parte que no sangraba)
Was the soles of the big man's feet, ooh (Eran las suelas de los zapatos del gran hombre, oh)
And he was cut in about a hundred places (Y le pasaron la navaja por cien sitios)
And he were shot in a couple more (Y luego le dispararon en un par de sitios más)
And you better believe (Y ya te lo puedes creer)
There come another kind of story (Que entonces cambió la historia)
When big Jim hit the floor now they say (Cuando Jim el Grandote mordió el polvo, y ahora dicen…)

You don't tug on Superman's cape (No le tiras de la capa a Supermán)
You don't spit into the wind (No escupes contra el viento)
You don't pull the mask off that old Lone Ranger (No le quitas la máscara al Llanero Solitario)
And you don't mess around with Slim (Y mejor no te metas con Slim)

Yeah, big Jim got his hat (Sí, Jim el Grandote tenía su sombrero…)
Find out where it's at (Vete a buscarlo ahora…)
And it's not hustlin' people strange to you (Y los timadores no te son extraños…)
Even if you do got a two-piece custom-made pool cue (Incluso tienes un taco de billar de dos piezas hecho a mano…)

Yeah you don't tug on Superman's cape (Sí, no le tiras de la capa a Supermán)
You don't spit into the wind (No escupes contra el viento)
You don't pull the mask off that old Lone Ranger (No le quitas la máscara al Llanero Solitario)
And you don't mess around with Jim (Y mejor no te metas con Slim)

miércoles, 19 de agosto de 2015

Hora de cerrar.

Cuando ya no queda mucho por hacer al final del día, lo mejor es tomarte a solas una cerveza mientras las cosas se van convirtiendo ya de noche en un recuerdo.


Well, I hope that I don't fall in love with you (Bueno, pues espero no enamorarme de ti)
Cause falling in love just makes me blue (Porque enamorarme me pone triste)
Well, the music plays and you display your heart for me to see (La música suena y muestras tu corazón para que lo vea)
I had a beer and now I hear you calling out for me (Me tomé una cerveza y ahora siento que me estás buscando)
And I hope that I don't fall in love with you (Y espero no enamorarme de ti)

Well, the room is crowded, people everywhere (La sala está poblada, con gente por todas partes)
And I wonder, should I offer you a chair? (Y me pregunto si debería ofrecerte una silla)
Well, if you sit down with this old clown, take that frown and break it (Bien, si te sientas con este viejo payaso, haré que dejes de fruncir el ceño)
Before the evening's gone away, I think that we can make it (Antes de que la noche se vaya, creo que podemos llegar a algo)
And I hope that I don't fall in love with you (Y espero no enamorarme de ti)

Well, the night does funny things inside a man (De noche suceden cosas extrañas por dentro de un hombre)
These old tomcat feelings you don't understand (Cosas por dentro de un tío que no te esperas)
Well, I turn around to look at you, you light a cigarette (Me doy la vuelta para mirarte y enciendes un cigarrillo)
I wish I had the guts to bum one, but we've never met (Quisiera lanzarme y pedirte uno, pero no tuve ocasión)
And I hope that I don't fall in love with you (Y espero no enamorarme de ti)

I can see that you are lonesome just like me (Puedo ver que estás tan sola como yo)
And it being late, you'd like some company (Y que siendo ya tarde, te gustaría compañía)
Well, I turn around to look at you, and you look back at me (Me doy la vuelta para mirarte, y me devuelves la mirada)
The guy you're with he's up and split, the chair next to you is free (El tío con el que estás se ha levantado e ido, la silla junto a ti está vacía)
And I hope that you don't fall in love with me (Y espero que no te enamores de mí)

Now it's closing time, the music's fading out (Ahora es hora de cerrar, la música se va desvaneciendo)
Last call for drinks, I'll have another stout (Última ronda, me tomaré otra cerveza negra)
Well, I turn around to look at you, you're nowhere to be found (Me doy la vuelta para verte, y ya no estás ahí)
I search the place for your lost face, guess I'll have another round (Busco por la sala tu rostro ya perdido, me parece que me tomaré otra cerveza)
And I think that I just fell in love with you (Y me parece que me acabo de enamorar de ti)

jueves, 13 de agosto de 2015

Carlo Gesualdo de Venosa.

Los testimonios de los criados en el doble asesinato perpretado por Carlo Gesualdo de su mujer María de Avalos y su amante el duque de Andria nos dan una imagen bastante detallada de lo que sucedió aquella noche. Cuando se casaron en 1586 él tenía 20 años y ella 24. Sus familias pertenecían a la nobleza más alta del Sur de Italia y estaban emparentados. Llegaron a tener un hijo. En qué circunstancias se originó la infidelidad sólo nos lo podemos imaginar, pero es indudable que no eran el uno para el otro. Ella era según parece muy hermosa y por lo que se ve dada a las cosas del amor. Es muy posible que se sintiese extraña en el mundo en el que se aislaba Carlo, para quien el arte era probablemente un sustituto de la vida.

Gesualdo hizo ver que se ausentaba para irse de caza y así poder pillar con la treta a su mujer con su amante in fraganti. Mientras se vestía y preparaba para la venganza, confesó con una rabia contenida a su criado la noche del 16 de octubre de 1590 lo que les pensaba hacer cuando los encontrara juntos. Precedido de 3 hombres irrumpió en la habitación de su esposa donde yacía en el lecho con su amante, y descargaron los arcabuces. Los hombres salieron y Gesualdo tras ellos con las manos ensangrentadas. Se paró y volvió de nuevo adentro para destrozar a cuchilladas lo que quedaba de los dos cuerpos sin vida. Luego se fue con sus hombres del palacio. Lo que hallaron dentro de la habitacion después era la imagen del más puro horror, según cuenta la criada que salvó la vida por casualidad y el informe judicial.

Lo que sorprendendió en aquel tiempo no fue tanto el asesinato en sí, que en realidad no era tan extraña a la ley y las costumbres de aquel tiempo, sino su truculencia. El peligro real de venganza por parte de las familias de las víctimas le obligó a dejar Nápoles para establecerse finalmente en su castillo de Gesualdo. En 1594 se casó de nuevo con Leonora de Este y lo celebró por todo lo alto. El peso del recuerdo de su primera mujer y lo sucedido entonces condenó de antemano su segundo matrimonio. Sólo podía ver a Eleonora con el prejucio del recuerdo todavía presente de María de Avalos. La engañó sin disimulos, la ignoraba e incluso maltrataba a modo de extraña venganza. Un matrimonio entre nobles en aquella época tenía más obligaciones que las del amor, y por lo que sea ella no se quiso divorciar nunca de él. Que el hijo que tuvieron muriese tempranamente no sorprende demasiado.

Se trataba de un matrimonio inexistente en el que llevaban vidas separadas. Gesualdo pasaba el tiempo cazando y con su música, en la que profundizaba cada vez más. Ella al principio recluida en el castillo, logró por fin poder salir para ir a ver a su familia largas temporadas.

En 1613 murió su hijo primogénito del primer matrimonio a los veintitantos, y eso le afectó profundamente. Gesualdo no tardó en morir poco después el 8 de septiembre del mismo año. Un tercer hijo natural que tuvo fuera del matrimonio no fue olvidado en su testamento. Sin embargo ni siquiera muerto pudo olvidar a María: para su funeral encargó numerosas misas por su propia alma y la de sus familiares, pero ninguna para su primera esposa.

Un personaje como Gesualdo puede inspirar fácilmente la imaginación y la fantasía partiendo de la oscuridad del personaje y lo que se contaba de él. Su asombrosa música sigue sonando como cuando la creó, en privado, al margen de las cosas de este mundo, casi en secreto con una extraña belleza.

En este madrigal publicado en 1596 la armonía prevalece sobre la melodía y el ritmo, y lo combina de una manera sorprendente y a veces chocante. Se trata de una muestra perfecta tanto de su música como de lo que ocupaba sus pensamientos mientras componía.

Luci serene e chiare, del libro 4º de madrigales

Luci serene e chiare,
Voi m'incendete, voi, ma prova il core
Nell'incendio diletto, non dolore.

Dolci parole e care,
Voi mi ferite, voi, ma prova il petto
Non dolor nella piaga, ma diletto.

O miracol d'Amore!
Alma che è tutta foco e tutta sangue
Si strugge e non si duol, more e non langue.

(Ojos claros y serenos
me inflamáis, pero mi corazón
encuentra placer en el fuego, y no dolor.

Dulces y queridas palabras
me herís, pero en mi pecho
la herida encuentra el placer, y no tristeza.

¡Oh milagro de amor!
El alma que todo fuego y sangre es,
se aniquila y no se aflige, y muere sin languidecer.)


miércoles, 12 de agosto de 2015

Pegamento.

Mi hijo pequeño nació cuando el mayor era ya un adolescente que empezaba a buscar o imaginar de alguna manera su lugar en el mundo. Vino el pequeño y se me pegó desde el principio para alterar mi existencia como no me hubiese imaginado: cuando salíamos por ahí me lo llevaba sobre mis hombros como si fuese una extensión de mi propio cuerpo; me he acostado dándole las buenas noches, para despertarle por la mañana con los buenos días; y hemos compartido sentimientos como si fuésemos parte de un mismo ser vivo. Cuando me he mirado en el espejo mientras me afeitaba, aparecía su cabecita mirando en un rincón; y cuando no lo he tenido al lado, he sentido la intranquilidad de no verlo cerca. Mi preocupación instintiva por él hace que lo proteja por encima de mis propios intereses. Digamos que está pegado a mí.

Lou Reed compuso la canción para los Velvet a final de los 60, con su gusto por lo pop, un poco teatral y con ecos infantiles, mezclando la ironía con un cierto sentimentalismo, y esa armonía final con la que termina luminosamente la canción, y que adorna con las pinceladas de su guitarra.



I'm sticking with you (Estoy pegado a ti)
Cause I'm made out of glue (Porque estoy hecho de pegamento)
Anything that you might do (Cualquier cosa que puedas hacer)
I'm gonna do too (Yo también la haré)

You held up a stage coach in the rain (Captaste en el escenario la atención bajo la lluvia)
And I'm doing the same (Y yo hago lo mismo)
Saw you're hanging from a tree (Te vi colgando de un árbol)
And I made believe it was me (Y me imaginé que era yo)

I'm sticking with you (Estoy pegado a ti)
Cause I'm made out of glue (Porque estoy hecho de pegamento)
Anything that you might do (Cualquier cosa que puedas hacer)
I'm gonna do too (Yo también la haré)

Some people go (Algunos se van)
Into the stratosphere (A la estratosfera)
Soldiers fighting (Soldados luchan)
With the Cong (Contra el Cong)

But with you by my side (Pero contigo a mi lado)
I can do anything (Todo lo puedo conseguir)
When we swing (Cuando nos dejamos llevar por el ritmo)
We hang past right or wrong (Dejamos atrás lo bueno y lo malo)

I'll do anything for you (Todo lo haría por ti)
Anything you want me to (Cualquier cosa que quieras que haga)
I'll do anything for you (Todo lo haría por ti)
Oh I'm sticking with you (Oh, estoy pegado a ti)
Oh I'm sticking with you (Oh, estoy pegado a ti)
Oh I'm sticking with you (Oh, estoy pegado a ti)
Oh I'm sticking with you (Oh, estoy pegado a ti)
Oh I'm sticking with you (Oh, estoy pegado a ti)
Oh I'm sticking with you (Oh, estoy pegado a ti)
Oh I'm sticking with you... (Oh, estoy pegado a ti...)