jueves, 7 de enero de 2016

Un viaje a las estrellas. Capítulo 2: El incidente en el sector 8.

La cuestión no era tanto si yo era capaz de llevar la historia más allá, sino si realmente merecía la pena. No estoy nada seguro de que la ficción y la literatura tengan algún tipo de sentido hoy en día, no al menos en sus formas y expresiones más tradicionales. Quizás lo mejor hubiese sido pasar del tema y emplear la imaginación de una manera más práctica y constructiva. Sin embargo seguí con la historia como si se tratara de un juego:

La nave seguía el itinerario previsto en su viaje de exploración cuando por un inexplicable error de navegación se desvió de las coordenadas programadas. El problema se resolvió y se rectificó la ruta, pero apareció entonces como de la nada una especie de nube densa de dimensiones muy superiores a la nave. El piloto maniobró instintivamente para evitarla, pero estaba demasiado encima y la invadió con la parte exterior del sector 8. El equipo de mantenimiento que estaba trabajando dentro en esa zona vio cómo la nube de color marrón tierra atravesaba el fuselaje como si nada, impregnando las paredes y las cosas de su mismo color, y se quedaba flotando en el interior como contenida e ingrávida. Al cabo de un par de días toda la línea de ese sector que precedía a una de las turbinas que recibía energía del reactor se quedó bloqueada, y el motor principal dejó de funcionar. Decidieron construir un bypass en el sistema para saltarse en lo posible esa parte del circuito y cerrar el sector cuanto antes para seguir adelante y volver a origen.

El laboratorio analizó unas probetas con diversos materiales teñidos por la nube y se las sometieron a todo tipo de pruebas químicas y mecánicas. Tan sólo se detectó una cierta cantidad excesiva de carbono en toda esa zona, pero no lograron identificar la estructura y composición de la nube, ni se pudo averiguar cómo daba concretamente a las cosas esa coloración. No se trataba de ningún agente corrosivo, atravesaba limpiamente la materia y le dejaba su color. Era como si eso no estuviese realmente ahí, como un fantasma, sólo visible por su color y una cierta densidad aparentemente gaseosa que le daba aspecto de nube. Se comunicó el incidente a la base, y se decidió que lo mejor sería dejar la nave anclada donde estaba un tiempo en cuarentena mientras se efectuaba la reparación. Luego se decidiría qué hacer. Mientras tanto partía desde la base una nave de apoyo que tardaría en llegar cerca de 6 meses.

La nube permanecía tranquila y misteriosa en su rincón de la nave. Toda la tripulación se acercó para poderla ver un momento: era algo espectacular contemplarla en la penumbra, sin desplazarse pero moviéndose extrañamente en su interior con una especie de tranquila y calculada agitación. Hasta que se prohibió el paso y la zona quedó sellada con un cordón de seguridad.

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