jueves, 7 de enero de 2016

Un viaje a las estrellas. Capítulo 3: Natasha.

Herman había notado que Natasha no hablaba de su vida privada ni de su pasado, así que él tampoco lo hacía de la suya para no incomodarla. Compartiendo tantas horas de trabajo se pasaban a veces ratos largos concentrados en la labor sin mediar palabra, y otras veces conversaban para variar sobre lo que estaban haciendo o cualquier otra cosa sin fijarse en ellos mismos. Hubo un cierto intercambio divertido de vocabulario: él le enseñó palabras en catalán y ella en ruso, y las habían incorporado en sus diálogos. Herman se fijó en su manera de soldar la conexión de una válvula hecha de un inoxidable muy liviano con la tubería, y naturalmente le preguntó que dónde había aprendido esa técnica. Natasha le dijo con una especie de solemnidad fingida que Rusia había sobrevivido a las guerras y las paces gracias a la soldadura, y que si el país se sostenía todavía era por sus soldadores, los mejores del mundo. Se miraron un momento y entonces se rieron. Siguieron trabajando un rato más en silencio, y Herman fue a sentarse en una silla, encendió un cigarrillo y mientras miraba a Natasha cómo iba soldando cuidadosamente enseguida se le cerraron los ojos, ladeó la cabeza y se le cayó el pitillo de los dedos al suelo. Ella se giró al cabo de un rato, se fue hacia él, apagó el cigarrillo con el pie y se lo quedó mirando.

Natasha esperaba los cafés y los croissants en la barra de la cafetería conversando en ruso con el camarero Yuri, que siempre parecía estar al tanto de todo. El capitán había convocado a la tripulación para una reunión, quería informar del estado actual de las cosas y hablar del tiempo que podría durar la cuarentena y cómo deberían enfocarla. Yuri le preguntó en un tono intrascendente por la reparación mientras sacaba brillo a unos vasos con un trapo. Dos o tres días más y podrían empezar las pruebas. Yuri le preguntó por el catalán. Natasha le señaló con el dedo el horno detrás de él, el croissant ya estaba listo.

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