jueves, 7 de enero de 2016

Un viaje a las estrellas. Capítulo 6: Radha.

No se me ocurre cómo explicar sin liarme demasiado la contradicción que se da al contar una historia que acaece en un futuro lejano en forma de pretérito desde este siglo XXI. Aunque yo no he leído todavía en ninguna parte que se esté narrando desde el XXI. Sin embargo reconozcamos que cualquier otra posibilidad añadiría más complejidad a la historia, y desde luego más contradicciones.

Se dirá que da lo mismo, puesto que se trata de una ficción basada en la más pura imaginación en la que puede suceder cualquier cosa, incluso lo que nunca sucedió, y, que como en los sueños, las personas que aparecen y todo lo demás hacen referencia detrás a otras más complejas, reales, actuales y tal. El futuro al que hacemos referencia no es tal, tampoco el presente en el que ubicamos los diálogos y la narración. Natasha no desapareció nunca y además no era rusa, la nube marrón es una metáfora, lo mismo que la nave, y Herman nunca estuvo ahí sino que se trata más bien de la proyección de un tipo aburrido que se ha venido evadiendo frente al teclado de su ordenador fantaseando con esta historia en plena crisis generalizada y personal.

Todo eso está muy bien, pero no explica lo que le pasó a Natasha cuando desapareció, ni tampoco los acontecimientos sorprendentes que van a suceder en cuando deje de interrumpirme a mí mismo con tanto análisis.

Sarvepalli Subrahmanyan Radhakrishnan era un indio de unos 30 años que dirigía el laboratorio científico. Se le conocía simplemente como Radha, y nadie hubiese dicho viendo a aquel tipo bajito de carácter alegre en cualquier fiesta de la nave que se trataba de un fuera de serie en la investigación científica con una capacidad de trabajo asombrosa. En el laboratorio estaba en todo, iba de mesa en mesa dando ideas como un director de orquesta, y una vez al día entraba en su oficina, cerraba la puerta y entonces se dedicaba a desarrollar sus ideas a solas. Los del laboratorio se habían acostumbrado a esos momentos, y a veces miraban su oficina con la puerta cerrada preguntándose por lo que estaría sucediendo allí adentro. Al cabo de unas horas salía sonriente como si tal cosa de nuevo con los demás a trabajar en equipo.

El día que desapareció Natasha, Radha se había preparado su exposición acerca de la nube marrón. Escuchó de pronto la alarma con los demás científicos y fue corriendo al sector 7. Por una de esas coincidencias inexplicables, o como si hubiese una razón misteriosa en el aire, Herman, que sentía no entender nada en aquel momento, giró su cabeza como si ésta funcionara por sí misma o algún mecanismo invisible se la hiciese girar, y se encontró con la mirada de Radha. Se miraron un momento en medio del jaleo general, hasta que éste se volvió y salió de escena.

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