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viernes, 9 de enero de 2015

La Gioconda, de Leonardo da Vinci, Musée du Louvre, Paris.

El cuadro tiene su profundidad. La mitad derecha del fondo no se termina de corresponder con la izquierda. Tiene esos efectos atmosféricos del sfumato que mezcla y une el paisaje más lejano con la proximidad de la figura principal, creando así un espacio común. Un puente detrás parece estar ahí como un símbolo de la unión de algo: dos personas, dos lugares, dos ideas, dos partes. La figura está llena de observaciones y matices, y destaca como en otro nivel de realidad respecto del paisaje de atrás. Leonardo fue retocando la tabla a lo largo de los años con una insitencia un tanto obsesiva, enriqueciéndola cuidadosamente en lugar de estropearla. Han querido envolver el cuadro de misteriosas teorías hasta hoy día, pero no es ni más ni menos que un magnífico retrato al óleo pintado por un talento fuera de lo común. Se comprende la irreverencia iconoclasta de Duchamp pintándole bigote y perilla para aligerar al cuadro de tanta especulación, y ese fetichismo que termina dando más importancia a las cosas que a las personas. En cualquier caso el cuadro ha llamado siempre la atención y desde el principio ha sido la estrella del museo del Louvre y su principal atracción. La primera vez que lo ví me sorprendió lo pequeño que es, me acerqué para verlo bien y me gustó.

El 21 de agosto de 1911 un tipo vestido con la gabardina blanca que usaban los empleados del Louvre descolgó el cuadro a primera hora de la mañana, le quitó el marco y lo escondió bajo su ropa. Salió del museo y se subió a un autobús. Parece ser que se perdió por el camino, así que se bajó para tomar un taxi y se fue a su casa por fin a salvo con el cuadro.

Acababan de robar el cuadro más famoso del mundo. La prensa internacional se hizo eco de la noticia y explotaba el escándalo. “Todavía nos queda el marco”, decía burlonamente el titular de un diario parisino. La policía se tuvo que emplear con todos sus medios bajo la presión de la opinión pública. Un sospechoso que había robado anteriormente en el Louvre dirigió la investigación hacia Apollinaire y Picasso. Fueron interrogados y hallaron que no tenían nada que ver con ese robo en particular.

Mientras tanto seguía afluyendo la gente que iba al museo solamente para ver el hueco que había quedado en la pared donde solía colgar el cuadro, y contemplar su ausencia.

Pero la investigación no daba resultados y el cuadro no aparecía. Pasaron dos años y prácticamente se dio por perdido. Entonces un marchante de Florencia recibió una nota firmada por un tal Leonardo en la que decía tener el cuadro, y que quería devolverlo a Italia a cambio de cierta cantidad de dinero en concepto de gastos. Contactó con él, el cuadro fue autentificado y enseguida fue arrestado.

Su verdadero nombre era Vincenzo Peruggia y resultó ser un inmigrante italiano en París solitario y acomplejado que había trabajado en el Louvre. Fue interrogado en la primera investigación pero no se le relacionó por error. Según dijo quería devolver el cuadro a su verdadera patria, Italia. Pero por lo que se sabe Leonardo se lo llevó a Francia y lo conservó hasta que Francisco I lo compró finalmente, y allí se quedó hasta que después de la revolución francesa se ubicó definitivamente en el Louvre como bien público. Al parecer se trataba de un robo perpretado por un tipo triste y desorientado con un motivo absurdo, una explicación pobre pero con todo el aspecto de ser verdad para el llamado robo del siglo. Salieron otras teorías con planes y tramas criminales detrás más complejas y tal, pero resultaron demasiado contradictorias e inconsistentes.

Según Peruggia el cuadro lo tuvo durante dos años sobre la mesa de la cocina del cuartucho donde vívía a un par de kilómetros del museo. En cuanto se devolvió al Louvre, se formaron de nuevo colas para volver a verlo.

Aunque aún hoy día sigue habiendo quien dice que el cuadro que actualmente se expone en el Louvre es en realidad una falsificación.


Óleo sobre tabla 75 x 53 cm

2 comentarios:

  1. Germán: no hace mucho leí un estudio que realizaron sobre los dos cuadros (Museo del Prado y Louvre)...Creo recordar que el fondo de ambos cuadros pensaban era un paisaje de una campiña del norte de Italia, pero que ahora han revelado que el fondo es falso y que sería un fondo puesto en el estudio del pintor. Un genial articulo. Mis felicitaciones.

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  2. Interesante post y gracias por hablar por fin de arte con mayúsculas y escapar un rato del selfi que nos atormenta a los que buscamos siempre algo mas.

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