sábado, 2 de mayo de 2015

Hamlet en Inglaterra. Acto IV: Retorno al pasado.

Hamlet mira por la borda el mar de vuelta hacia Dinamarca. Sintió la tentación de quedarse más tiempo con los piratas e incluso había considerado irse a Londres una temporada. Pero el día en que Sir John le dijo que Rosencrantz y Guildenstern habían muerto, Hamlet empezó a comportarse de manera extraña: anduvo esquivo y callado por el barco, y desapareció varios días por ahí. Finalmente se presentó de pronto con su antigua vestimenta de negro en el camarote de Sir John.

- Antes o después tendré que volver: que sea cuanto antes.

- Muchacho, te llevaré porque es lo acordado, por el dinero, porque me lo dijo Will, y aunque yo no lo quiera hacer… Hay cosas mejores que ser rey, olvídate de esa corte provinciana de víboras y explora la vida. Vuelve a Dinamarca dentro de 20 años, no ahora. Tienes tiempo y el tiempo lo es todo.

Hamlet se lo quedó mirando y negó con la cabeza, y Sir John se dio cuenta de que estaba completamente decidido.

- Como tú quieras. En fin, hay mañanas como cualquier otra, y otras que invitan a eternizar el momento con unas copas, una comida y el placer de una buena conversación. Siéntate conmigo, pediremos a Harry unos cuantos pescados ahumados. Llámame Jack.

Hamlet le sonrió y se sentó con él.

- He observado que no tratamos a nadie como se merece: a veces mejor y a veces peor, pero no como se merece. Un rey me desterró para que no contaminara este país, ¿podrás creerlo? Pero no me quejo, al final me fue bien y este barco me gusta. Por su parte aquel joven tal vez se merecía cosas mejores que reinar este gran estercolero que es Inglaterra.

- ¿Y Will?

- Will me encontró cuando no era más que la sombra de mí mismo y me propuso un trato. No para de escribir en su camarote, se encierra ahí y no sale durante días. A veces parece que sea él quien mantiene este barco a flote sólo con su pensamiento, y que no somos sino los actores de una obra de teatro escrita por él en su imaginación. Se fijó en ti y te ha ayudado diría que movido por la curiosidad, no por interés y mucho menos por altruismo.

Sir John le sirvió más vino del Rin y le contó historias que hicieron reír a Hamlet. Escuchó también al joven con una sonrisa que era la expresión de una elegante tristeza. Luego estuvieron un buen rato en silencio, cada cual con su copa de vino y sus pensamientos, y entonces Hamlet dijo con la mirada perdida en el vacío:

- Si todo está escrito, entonces hagamos para que merezca la pena leerse.

Jack levantó su copa y brindó con él:

- Bravo, muchacho. Que así sea.

Hamlet se va a la proa y se agarra de un cabo. El viento lleva a la nave hacia su destino saltando velozmente sobre las olas plateadas bajo un cielo ceniciento. Se palpa entonces la daga en el cinto que se compró en el mercado de Scarborough.

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